¿Qué es el duelo?

Cuando hablamos de duelo hablamos de integración de la pérdida. Pérdida y duelo son dos conceptos que van unidos el uno con el otro. Entrar en el proceso de aceptación nos conlleva a renunciar al sufrimiento y aceptar el dolor que esa nueva situación de pérdida nos comporta. El “shock emocional” después de una pérdida nos puede generar un estado de congelación vital.

Con la terapia y el acompañamiento iremos hacia un estado proactivo donde podremos generar algo nuevo con la pérdida acontecida.

Cuando hablamos de pérdida situamos la acción en algo que por diferentes motivos tenemos que renunciar o perder. 

En el día a día estamos continuamente perdiendo cosas, el cambio es continuo, lo que sucede es que no tenemos la conciencia suficiente de ese movimiento continuo del día. Un encuentro a media mañana con un compañero de trabajo, una comida con tus padres o una cena con un amigo. Nace algo, se reproduce mientras dura la acción y luego muere y desaparece ya que ese encuentro no se va a volver a repetir en ese contexto, puede ser otro pero no ese. Con este movimiento entendemos que evidentemente hay distintos tipos de pérdidas y que suponen efectos más fuertes en nuestra vida como puede ser la muerte de un ser querido, una ruptura de pareja, de amigos, un cambio de país o de trabajo entre otros cientos de situaciones 

El obstáculo viene cuando no queremos aceptar según qué tipo de pérdida generando así en nosotros frustración e incluso abrirnos a otra nueva situación que nos puede llevar esta pérdida, sea la que sea.

Cualquier pérdida que vivamos se puede encaminar en dos vertientes, evitando el dolor y sobreviviendo como se puede o afrontándolo generando así un entendimiento de la que nos llevará a una cicatrización del duelo y la situación.

Tipos de pérdida

Pérdida repentina: Es aquel tipo de pérdida que sucede de una manera repentina, una muerte que no se espera como puede ser un accidente, un infarto, una separación de pareja inesperada, un cambio de domicilio repentino. Suelen ser unas pérdidas de carácter muy traumático ya que no hemos tenido tiempo para prepararlas y poder afrontarlas. El vacío que deja dicha persona es tan grande que surgen grandes dificultades para poder reestructurar la propia vida generando así una gran falta de confianza en la vida y un sentimiento ante la misma de crueldad de la propia vida.

Pérdida esperada: es aquella muerte que si hemos tenido tiempo de ir preparando, que hemos ido viviendo e interiorizando esa posibilidad de muerte. Son aquellas que podríamos definir como procesos de enfermedad, de jubilación, de cambio de trabajo o incluso de cambio de residencia.

En esta muerte hemos tenido la oportunidad de cuidar la situación generando así un consuelo que no hemos tenido en la muerte anterior por ejemplo.

Pérdida múltiple: Son aquellas muertes que se juntan a la vez, por ejemplo una separación que incluye un cambio de domicilio e incluso cambio de trabajo.

El efecto en la persona puede generarle debilidad ya que siente que todo lo que tenía hasta ese momento se le desmorona y volver a empezar. Hay que volver a acostumbrarse a nuevos espacios, nuevas personas, nuevos olores, etc.

Pérdida deseada: Hay procesos que nos tocan vivir que uno puede desear que se acabe para poder liberarnos, ya que pueden alterar nuestra vida cotidiana del día a día. Llegado el momento del fin puede generar en la persona culpa y remordimiento, aun viendo desde la consciencia que no es así, existiendo la fantasía de dicho desenlace.

Pérdida no autorizada: Hay situaciones por la cuales las familias sobre todo tapan el motivo de la muerte por desde una perspectiva social puede ser ridículo o incluso vergonzante. Al no poder expresar no se puede elaborar. Esta falta de autorización puede tener distintos motivos:

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